La artística historia de Zulma Yugar

  Los Tiempos - Bolivia - (Posted on Mar-21-2007)
La artística historia de Zulma Yugar
Zulma Yugar a los quince años, luciendo el traje de “ñusta” que fue diseñado por su madre.
 
La ejemplar historia de Zulma Yugar

TESTIMONIO | El título de “Embajadora de la Cultura” con que el pueblo boliviano la honró por reivindicar la identidad nacional para proyectarla a otras latitudes del mundo, pero además el rango de representante de los bolivianos ante organizaciones como la Unesco donde logró protección para nuestros patrimonios culturales que ahora son de la Humanidad, significan que en esta excepcional mujer hay un ejemplo de vida consagrada al arte sin ambages

Le decían “la nenita Yugar”, procoz declamadora que, a los cuatro años, aún sin saber leer ni escribir, entonaba poemas de Juana de Ibarborou que su madre, Vilma Párraga, una guapa cruceña que inspiraba irrefrenables serenatas, le enseñaba a memorizar con un inusitado despliegue de paciente amor maternal.

El esplendor de Oruro, en la República del Estaño, dio al país un talento que se forjó en la fragua de un hogar bendecido por las musas. “Yo me debo a mis padres, a los sacrificios que ofrendaron para abrirme caminos que he andado siempre de la mano de ellos”, dice la artista.

Vilma de Yugar falleció en el 2002 y a causa de esa ausencia Agustín Yugar Vargas se enfermó de irremediable pena. “Mi padre la amaba tanto que no pudo soportar la muerte de mi madre... se conocieron en Tarija después de la guerra del Chaco, cuando él terminaba su servicio militar. Tocaba con maestría la bandolina, además de guitarra y charango; y un cierto día un capitán le ordenó acompañarle para ofrecer una serenata a una linda cambita, de quien ese capitán andaba enamorado. Pero la cambita terminó enamorándose del soldadito que tocaba la bandolina. Se casaron en la misma Tarija y allí nació mi hermano mayor, Raúl. Mi padre los llevó a Buenos Aires, allí vio la posesión de Perón y se quedaron dos años viviendo en Argentina”.

A Zulema, la hija menor, le tocó nacer en Oruro cuando sus padres trabajaban como profesores rurales en las comunidades andinas del altiplano. “Entre ambos me construyeron, primero poéticamente y después con música... Mi madre se encargaba de enseñarme a memorizar poemas y mi padre me daba clases de expresión corporal. Y después comencé a estudiar piano, a mis seis años, en la Escuela de Bellas Artes”.

Cuando cumplía siete años, en 1959, ofreció su primer recital de declamación con un repertorio de 35 poemas. “Me invitaron al auditorio de Radio El Cóndor y fui presentada por el inolvidable Abel Flores Mujica. Declamé versos del poeta tupiceño Oscar Vargas del Carpio y del gran peruano José Santos Chocano, entre otros. Y también recité mi primera composición, ‘Tierra sin mar’. Ahora que lo recuerdo, ya entonces me asaltaban las cavilaciones concienciales. Sentí la tristeza que creo aún hoy sienten los niños de Bolivia ante el injusto enclaustramiento”.

RECUERDOS DE PUNATA SIN LUZ

La niña Yugar era ya una institución antes de cumplir 10 años de edad. Cierto día ocurrió un incendio y la familia perdió su casa de Oruro, el padre sufrió quemaduras y el dinero no alcanzaba para la curación. “Fue cuando mi mamá aceptó un contrato pagado para hacer un recital poético en Challapata, era el aniversario del Club Independiente, y con el dinero que ganamos se pagaron los gastos del hospital”.

Los recitales de la precoz declamadora se hacían más frecuentes. “Comencé a cantar a los diez años, y en mis presentaciones combinaba el canto y la declamación. Me fui fogueando ante rudos públicos como era aquel que asistía al auditorio de Radio San José; estaba claro que necesitaba ganar experiencia y entonces fue cuando mi padre, con una sabia visión, decide convertirse en empresario de espectáculos; deja su trabajo como funcionario administrativo de la Policía durante un año y organiza una compañía conformada por once artistas, con la presencia estelar de María Luisa Tirado. Yo hacía de talonera, presentando números de fonomímica, declamando, bailando y tocando el charango. Hice un dúo con otra niña para imitar a las hermanas Saldaña”.

La compañía organizada por los esposos Yugar, al estilo gitano, lleva a la pequeña Zulema por todos los rincones de Bolivia. “Llegamos a las zonas más recónditas del país, entramos a pueblos sin caminos cruzando ríos y tramontando montañas para actuar en escenarios de adobe y con luz de vela. Cubrimos el altiplano y salimos al sur llegando a Tupiza, luego de Sucre a Vallegrande, Mairana, Samaipata, pasamos por Totora, después Aiquile, hasta que una tragedia nos frenó en Punata...”.

El hermoso pueblo del valle alto dejó un triste recuerdo en la memoria de la precoz artista:

“Sólo podíamos actuar hasta las diez la noche porque, como en otros pueblos rurales, a esa hora se apagaba el generador de luz eléctrica. Cuando volvíamos con mis padres a nuestro hotel, Sergio Martel, artista del grupo, decide separarse de nosotros para ir a la plaza en busca de un plato de sillpancho, que es tan delicioso en Punata. Pero a menos de una cuadra fue apresado, en medio de un griterío, por dos milicianos del MNR que lo habían confundido con algún falangista. Mi padre, que hablaba muy bien el quechua, trataba de explicar que Sergio Martel era un artista de nuestra compañía y que nada teníamos que ver con política. Mientras mi padre intercedía, alguien de nuestro mismo grupo, con muy mal tino, le aconsejó a Sergio que huya, aprovechando que mi padre hablaba con los milicianos. Sergio Martel comenzó a correr, los milicianos le dispararon en la espalda y la bala le salió por el abdomen. Tuvimos que velarlo a oscuras. Ahí acabó la gira”.

EL GRAN SALTO LATINOAMERICANO

Su carrera profesional como cantante comienza cuando tiene 13 años. En 1965 la Prefectura de Oruro le designa para representar a su ciudad en el prestigioso Festival Lauro de la Canción, donde gana un primer premio como la “Mejor voz de Bolivia”. El premio consistía en la grabación de un disco. “Pero a don Laureano Rojas le gustó mi voz de tal manera que duplicó el premio haciéndome grabar dos discos, producidos personalmente por él. Él se encargaba de todo: me vistió de cholita, me tomó las fotos, diseñó las tapas de los discos y supervisó rigurosamente el trabajo técnico en el estudio de grabación”.

Un año después se convocó a la elección de la Reina del Folclore Boliviano, en La Paz, donde participaron artistas niñas y adolescentes disputando aquel cetro que además daba un pasaje para intervenir en el Festival Latinoamericano de Salta. Zulema gana la elección con creces:

“Me ayudó muchísimo aquella gira que acabó en Punata, esa que organizó mi padre, además de la esmerada educación que me brindaban papá y mamá. Fui la única concursante que subió al escenario tocando piano, charango, zampoña y quena, además de cantar y bailar. Todavía suenan en mi mente aquellas voces de aclamación y aplausos que cambiaron mi vida. Fui recibido por el presidente Barrientos que me tendió una alfombra roja para entrar al Palacio Quemado. Y fue entonces que mi madre diseñó e instituyó un traje de ñusta, que es el vestuario con el cual preparaba mis próximas giras y mi participación en el Festival de Salta. Es bueno aclarar que la figura de la ñusta aparece en este momento dentro el ámbito de la canción boliviana, como una creación de mi madre”.

La delegación boliviana ante el Festival de Salta era como la delantera de la selección de Azkargorta: Mauro Nuñez, Los Caminantes, Nilo Soruco y Los Montoneros de Méndez, la Diablada Ferroviaria de Oruro y Zulema Yugar. Obtuvo esta vanguardia el Primer Lugar del Festival, e incluso el jurado había decidido elegir a Zulema como Reina de la Canción Latinoamericana. “Pero esa decisión fue sometida a un criterio político: había una presión de Chile para impedir la hegemonía boliviana en este escenario cultural y se tuvo que negociar: el primer lugar para la delegación boliviana o el cetro individual para mí; pero no ambos. Nuestra delegación cedió el cetro para quedarse con el primer premio; y el cetro de la reina se otorgó a la representante chilena”.

Aquella injusticia despertó el espíritu rebelde de la joven artista, quien se negó a retornar con el resto de la delegación. Sin embargo fue recibida con homenajes en todo el país:

“Aquel triunfo de nuestra delegación levantó la auto-estima de los bolivianos. Nuestra música nacional comenzó a invadir las ciudades, se pusieron de moda las peñas folclóricas y se lanzaron los éxitos de Los Jairas”.

El compositor argentino Hernán Figueroa Reyes, que entonces es personero de la CBS, “habla con mi madre y nos ofrece grabar un disco y realizar una gira por varias ciudades argentinas que duró un año y medio. Allí compartí escenario con la Negra Sosa, con Jorge Cafrune, Horacio Guaraní y Eduardo Falú. Y ahí es cuando surge mi nombre artístico de Zulma. Hernán Figueroa decía que Zulema Yugar no tenía rima; querían transformar hasta mi apellido pero me opuse tenazmente a que me destruyan la identidad. Por esas épocas estaba de moda en Argentina exagerar con nombres artísticos como los de Leo Dan, Sandro y tantos otros”.

LETRAS GRANDES EN LA MARQUESINA

Cuando retorna de Buenos Aires a Oruro, su pueblo natal la recibe apoteósicamente en el viejo andén. Y luego llega una invitación de México para rodar un musical con PelMex:

“Viví dos años en el Distrito Federal con la generosa compañía de mi madre, actué en el Palacio de Bellas Artes y ofrecí recitales en lugares como Querétaro y Guadalajara. Y fueron inolvidables mis presentaciones en el teatro de la ANDA (la Asociación Nacional de Actores); el telonero era Vicente Fernández y mi nombre aparecía en marquesina con enormes letras”.

Un terremoto que hizo caer al Ángel de la Libertad fue el pretexto que Zulma aprovecha para volver a Bolivia. “No podía soportar el sacrificio que mis padres hacían por mí, a tal punto de tener que separarse. Mientras yo estaba en México con mi mami, mi papá quedó solo en Oruro y en esa época no habían las facilidades de comunicación como hoy con el teléfono satelital o el internet”.

La artista vive agradeciendo la constancia de sus padres en su realización personal y profesional. Después de la muerte de su madre, hace menos de un lustro, don Agustín Yugar decayó en salud y Zulma decidió traerlo a vivir sus últimos días en Cochabamba:

“Compré una casa cerca de Cala Cala e hice todo lo posible para que mi noble padre reciba el mejor tratamiento médico en esta ciudad, hasta que murió prácticamente en mis brazos, un día de septiembre en que estuve a punto de partir a Australia para cumplir una gira. No me habría perdonado jamás si lo abandonaba en ese momento. Él y mi madre siempre estuvieron a mi lado. Por eso yo estuve hasta lo último con ellos”.

El de Zulma Yugar es un ejemplo de auténtica honestidad labrada en una vida de amor filial que, al convertirse en arte, sonará como la dulce voz de aquella niña que empezó a escribir su historia declamando los poemas le enseñó su madre.

El sitio web de Zulma Yugar: http://www.zulmayugar.com/



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